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Aún no sé si el propósito del taller sea una firmeza con determinada claridad. Pero si está en la esencia del mismo intentar entrar en la austeridad de ser totalmente libres e individuales. Encontrar la mirada única y propia. Lejos de lugares comunes…
Hay quienes sostienen que desde el momento en que nacemos hasta el momento de nuestra muerte solo “nosotros somos los únicos testigos de nosotros mismos”.
Intentar explicar un taller de fotografía quizás sea sencillo si lo abordamos desde los conocimientos sumamente técnicos: manejo de cámara, cómo responde nuestro material sensible frente a distintas situaciones de luz y qué queremos lograr de ello.
Llegar a la medición correcta es una cuestión de manual y de prueba/error. Quien esté dispuesto a hacerlo, adelante. Estaré para servir de índice para quien quiera llegar a ser un gran conocedor de dichas herramientas y procesos.
Pero volviendo al intento de definir el propósito de éste taller, es un desafío más que cualquier otra cosa.
Aprender a desaprender. Silencio ante ruido. Creo que esas serán las claves por un viaje tal como lo definiría el fotógrafo suizo Robert Frank: “La fotografía es un viaje solitario. No depende de nadie más que nosotros mismos”.
En momentos como estos donde la imagen lo es “todo”, sólo basta echar un vistazo a nuestras fotos y casi con seguridad todos tenemos algo de parecido, incluso igual a la fotografía del otro.
Aquel lugar poco llamativo, casi extravagante o desconocido de la primera mitad del siglo XX, fue el gran comienzo. Luego de conocer lo desconocido por inercia, intentamos de una forma u otra ir hacia el mismo lugar o en busca de ello. Las guerras marcaron el momento preciso de un instante, de un tipo de fotografía.
Ya en el 2010 pretender ser sorprendente no tiene nada de desafío o de utopia, sino de un dejo de nostalgia. Y es, muchas veces por esa nostalgia que ya no hace falta ningún idioma para ver una imagen o entender lo que pasa. El lugar común es conocido por todos. Y lo conocido solo sirve para eso: para que se conozca y se desvanezca al día siguiente o en los minutos próximos.
El taller propone la libertad individual, de lo desconocido, lo egoísta, si se quiere . La mirada interna. Es desde allí, desde ese lugar oscuro, donde creo entender que la sensibilidad humana se manifiesta en imágenes. No creo que se trate de salir a sacar fotos, creo que hay que estar dispuesto a desprenderse de las imágenes interiores que cada uno lleva. No hablo de impulsos, habrá quien los tendrá y será comprensible que eso suceda cuando la sangre brota y se festeja la vida como algo eterno de la suerte de estar vivo.
Hablo de suspiros, momentos de muerte del tiempo, en donde todo se detiene para cada uno y nace para otro desconocido.
Un suspiro es algo que sale, que se va, que se aleja, un momento en el que la vida no puede ponerle un tiempo, y no sé si hay suspiros que posean relojes, fechas, ni años. El suspiro trasciende la muerte.
Quizá algunos piensen que esto no es una presentación muy comercial pero si algo pretenciosa. El camino, entonces, no es el de sacar fotos sino el de intentar ser fotógrafos. Formulas no hay, ni yo la he encontrado todavía, pero creo en el ejercicio de la intuición… del sentir y el silencio. El mismo de la esperanza…
Las cámaras no suspiran, son los fotógrafos quienes lo hacen…
Están invitados a hacer preguntas, plantear inquietudes, críticas o nuevas propuestas.
Algunos de los fotógrafos que veremos aparecen en el blog. Si alguien lo desea, puede sugerir algún otro para ser incluido.
Saludos Fraternos y bienvenidos a la utopia de destriurse para contruirse sanamente desde el espiritu.
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